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Artistas en la empresa, ¿Choque de trenes?

El mundo de los negocios y de la empresa ha adquirido velocidades de cambio vertiginosas. Ya no se entienden las empresas en los mismos términos que se hacía hace sólo unos pocos años.

Asistimos a unos momentos en los que la competitividad debe ser cada día más global, hay que ganarla en un entorno cambiante, inestable, en definitiva, más complejo.

Las empresas se enfrentan a una exigencia implacable en términos de eficiencia, de crecimiento y de resultados, pero a la vez la sociedad es mucho más crítica y exigente en cuanto a la parcela de responsabilidad social que deben cumplir.

Ya no es suficiente con cumplir los parámetros puramente económicos y financieros, sino que deben asumir su papel como parte fundamental de la sociedad, como engranaje entre la economía y el resto de la sociedad en la que están inmersas.

Cualquier empresa bien posicionada hoy debe anticiparse continuamente a los cambios para poder seguir siendo competitiva en el futuro. ¡Y el futuro es hoy mismo!

¿Por qué y para qué innovar?, ¿Hasta cuándo puede sobrevivir una empresa que no innove?;  ¿qué cualidades serían deseables para afrontar esa innovación?

Reflexionar sobre estas preguntas me lleva a pensar que el motivo básico de la innovación es satisfacer las demandas de la sociedad, no sólo en cuanto a los productos y servicios que necesitan o desean, sino en cuanto a lo que las empresas son capaces de retornar  a la sociedad que les acoge y nutre en todos los sentidos. Esto, que se ha dado en llamar responsabilidad social corporativa, tiene innumerables facetas, resortes sobre los que actuar de forma responsable.

También los trabajadores están sujetos a este ritmo de cambios. Cada puesto de trabajo cambiará y se requerirán nuevas habilidades, nuevas competencias que seguramente hoy no podemos imaginar. Debemos  tomar conciencia sobre la importancia de ser capaces de dirigir nuestras vidas, de aportar lo mejor de cada uno y afrontar los retos y los cambios de manera positiva.

Y la pregunta clave: ¿Qué pinta el arte (nunca mejor dicho) en todo esto?

¿Por qué hay quienes opinamos que el arte en general y los artistas en particular tenemos mucho que aportar no sólo en el ámbito de la empresa, sino en el de las instituciones y la  sociedad?

Si nos planteamos las cualidades que se reconocen a los artistas, algunas de las que se mencionan con más frecuencia serían: creatividad, pasión, capacidad de comunicación, formas diferentes de mirar, empatía, resiliencia, capacidad de afrontar cambios, compartir una mirada más social, etc.

¿No son muchas de estas cualidades las que los directivos manifiestan que se necesitan en las empresas hoy?

Hasta ahora el mundo del arte y el de las empresas estaban conectados mediante toda una serie de relaciones, vamos a decir ‘clásicas’ entre ambos (patrocinio, mecenazfo, filantropía, donaciones, esponsorización, compra de obra o encargos con diversos fines…)

En mi opinión estas relaciones están en muchos casos desequilibradas. Lo que se espera del artista es que, haga lo que haga, lo circunscriba a lo que se considera mundo artístico (aislado por contraposición) del mundo real, y pocas veces el artista puede ‘romper’ esa expectativa y  aportar otros valores y cualidades que, aunque se le reconocen en hipótesis, luego no se aprovechan.

¿Son los artistas los que deben romper esa membrana de aislamiento?, ¿Son las empresas las que deben apostar a su favor?

Como en muchos otros ámbitos, la confianza puede ser clave para establecer una relación provechosa.

Aparentemente ambos mundos se miran con recelo. Los artistas consideran el mundo de la empresa casi como ‘el enemigo a abatir’. Hemos hecho de esto bandera. ‘Mi trabajo no se vende al capital’

Por su parte, en el mundo de la empresa los artistas somos naif, poco responsables, con formación inútil e inespecífica, en definitiva, poco aprovechables.

¿Cómo podemos cambiar estas percepciones para generar confianza mutua y beneficiarnos de la relación?

Todos tenemos un papel importante en la sociedad y ante la pregunta: ¿Qué puede el arte hacer en  favor de las empresas? Propongo algunas respuestas:

  • Aportar soluciones creativas a problemas cotidianos
  • Favorecer la creatividad y la innovación
  • Aportar valores sociales y colaborativos
  • Enriquecer las relaciones interpersonales
  • Mejorar la comunicación en la organización
  • Ayudar a explorar nuevas formas de interpretar
  • Generar empatía
  • Dar una visión más social y colaborativa

Las nuevas relaciones entre arte y empresa que planteo, pretenden utilizar las cualidades artísticas en beneficio mutuo de artistas, empresas y de la sociedad en general. Algunas de ellas podrían ser las siguientes:

  • Intervenciones artísticas en empresas
  • Proyectos de voluntariado artístico activo
  • Colaboraciones con profesionales de otros ámbitos
  • Relaciones a varias bandas (instituciones, artistas, empresas…)
  • Uso de las colecciones de arte en las empresas para el beneficio de los empleados

A menudo se ha observado que en un primer momento los empleados son escépticos sobre los resultados que se conseguirán con la intervención de los artistas y también durante el proyecto se han producido fases y momentos de frustración, si bien al finalizar la intervención, en la práctica totalidad de los casos, la evaluación de la experiencia es positiva.

 

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